La siembra del cactus
A la hora de sembrar un cactus debemos tener en cuenta que es una tarea que requiere paciencia, ya que para que una semilla se convierta en una planta adulta tienen que transcurrir unos seis meses aproximadamente. El éxito de la siembra depende de varios factores, como ser la semilla, la tierra y los cuidados que se le brinden a la planta. Incluso puede suceder que en el primer intento sólo sobrevivan dos o tres ejemplares.
Las Semillas
Las semillas constituyen el elemento más importante para que la siembra sea fructífera. Es sumamente importante que éstas estén en muy buen estado, ya que de lo contrario todo el trabajo será inútil. Lo más aconsejable es utilizar semillas de cosecha propia. En el caso de que se compren, hay que tener en cuenta que los sobres que se venden en la floristería, normalmente no dan buenos resultados.
Recolección y conservación de las semillas
La mejor época para la recolección de granos es cunado el cactus dé frutos. Es conveniente esperar hasta que el fruto esté completamente maduro, para que no se estropee al retirarlo de la planta. Luego hay que dejarlas secar en un lugar soleado, pero no demasiado caluroso. Finalmente, se desmenuzan los frutos para sacar las semillas y evitar que éstas se pudran. Luego, se almacenan las semillas en sobres de papel etiquetados con la especie del cactus y la fecha de recolección.
La tierra
Existen muchas mezclas de tierra posibles. Su uso depende de la zona geográfica, el clima y la disponibilidad de los materiales necesarios. La más usual está compuesta de: 1/3 de Turba rubia, 1/3 de Turba negra, 1/3 de arena de río muy lavada de un grosor superior a 0,5 mm e inferior a 2 milímetros. Es recomendable esterilizar la arena con agua hirviendo, con el fin de evitar futuros ataques de hongos. Los tres tipos de tierra se mezclan y después se depositan sobre una malla de 2 ó 3 mm. También se puede añadir un poco de carbón en polvo para evitar la proliferación de parásitos.
Cómo sembrar
Para evitar el ataque de hongos es aconsejable utilizar recipientes no demasiado grandes. Las macetas de plástico de 7 centímetros de diámetro son las más adecuadas. En primer lugar, se rellena la maceta con la mezcla hasta una altura de 4 ó 5 centímetros que se debe compactar hasta dejar la superficie lisa. Después, se esparce una pequeña cantidad de semillas uniformemente. No es conveniente ocupar los bordes del semillero, porque en ellos las plántulas tienen muchas dificultades para sobrevivir.
Posteriormente, se pulveriza con agua y se cubre la tierra con una pequeña capa de arena de silicio. Es recomendable cubrir con un plástico transparente para conservar la humedad. No hay que olvidar hacer una pequeña perforación en la base del semillero para favorecer el drenaje. Entre riego y riego hay que dejar que la tierra se seque.
Para tener resultados inmejorables, se debe regar cada dos días durante los cuatro primeros días de la semana y dejar los tres siguientes sin regar.
Cuando hayan crecido las plántulas, se podrán abonar cada quince o veinte días con el fin de acelerar su crecimiento. Al año ya se pueden transplantar a macetas independientes.
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