Existen muchas razones por las que el follaje de una planta puede enfermarse y comenzar a tornarse amarillento y débil. Por esto, es fundamental detectar la causa del problema para poder encontrar el remedio.
Mala alimentación: las deficiencias de nutrientes es uno de los motivos más comunes. Es imprescindible alimentar regularmente las plantas con fertilizantes. La frecuencia de aplicación dependerá del tipo y del tamaño de la planta y la época del año. Por lo general convienen fertilizar durante el período de crecimiento y en el momento de la plantación.
Demasiada humedad: el exceso de riego o un drenaje deficiente puede provocar follaje amarillo en toda la planta y la posterior caída de las hojas. Siempre hay que verificar que haya suficientes orificios de drenaje antes de plantar y agregar más si fuera necesario.
Recipientes de concreto: este tipo de macetas suele liberar cal y vuelve más alcalina la tierra. Hay muchas plantas, como las camelias y rododendros que no soportan la cal porque so amantes de los suelos ácidos. Un signo característico son las hojas jóvenes y pequeñas que se vuelven amarillentas y las viejas que se conservan verdes. Hay que pasar la planta a otro recipiente con compost apropiado.
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